viernes, 2 de abril de 2010

Muerte Etérea: historia de un asesino I

Una vez existió un hombre al que le gustaba mucho la belleza femenina. Le gustaba tanto que tuvo cientos y cientos de amante. Aunque no iba con cualquiera: debía tener un mínimo de belleza. Del resto se encargaba él.
- ¿Sabes? Eres bella, muy bella, pero podrías serlo más.
- ¿En serio te parezco guapa? ¿Y cómo podría serlo más?
- Eres mi reina, por eso deseo que te parezcas a una. Además, quiero tener conmigo a la mujer más hermosa de todos los mundos. Tienes que ser como la nieve: blanca, pura, etérea… Si consigues serlo serás la más bella.
Este hombre encandilaba a cualquiera con sus palabras, de modo que la mujer intentaba satisfacerle porque lo veía como el hombre de su vida. A todas les parecía así y por eso hacían lo que les pedía.
Por las noches se las llevaba a su casa, las desnudaba y les ponía sanguijuelas por el cuerpo para que éstas chuparan su sangre y de esta forma parecieran más pálidas y de aspecto delicado. Les hacía beber whisky con vinagre, y esnifar tiza diciéndoles que eran polvos mágicos que aumentarían su belleza. Entonces les prometía que las llevaría al cielo, en lo que sería su última noche, en la cual les hacía el amor con tanta intensidad y brutalidad que acababan exhaustas. Y así morían. A continuación, les cortaba las venas de las muñecas. Éstas dejaban fluir la sangre abundantemente. Contemplaba los cuerpos desnudos de las mujeres, dándole la sangre un toque de morbosidad a la imagen. Lo que veía le parecía algo hermoso y por eso retrataba aquella efigie en cuadros.
Al final sí que conseguían ser como la nieve: blanca, etérea… y fría.

Ricardo era un hombre casado que cuidaba de su mujer enferma. Era pintor y bastante bueno, aunque sus cuadros tenían una presencia un tanto retorcida a pesar de su apariencia de buena persona. Todo el pueblo reconocía su talento. No había casa que no tuviera un cuadro suyo.

- Sí, aquí el inspector Morán.
El teléfono de la comisaría de Vieiras sonó. El inspector Gilbert Morán lo cogió.
- ¿Cómo? ¿Un cadáver de mujer? De acuerdo, estaré ahí en un momento- el inspector colgó el teléfono- ¿Será posible? ¡Otro cadáver de mujer! Como esto sigo así se extinguirá el género femenino.

La escena del crimen era sencilla: una mujer tumbada en la cama, desnuda, pálida. El cuerpo estaba encharcado en sangre debido a que las venas de las muñecas estaban cortadas. Morán se dirigió a un policía que había por ahí.
- Por lo que veo el cadáver está en el mismo estado que lo otros, ¿no es cierto?
- Sí, inspector.
- El comisario me ha pedido que me encargue del caso. Parece un asesinato.
- ¿Usted cree?
- Sí, aunque no podemos dar nada por hecho. Las cosas no son siempre lo que parecen ser.
Media hora más tarde llegó la inspectora Julia Lago. Era una persona esbelta y espigada. Su melena pelirroja, con una ondulación muy pronunciada, hacía destacar la palidez de su piel, en la que se podía percibir unas mejillas rosadas. Aquella mujer era la esposa del inspector Morán. Sin embargo, no se saludaron con un beso, sino con una mirada intrigante y una sonrisa picarona.
- ¿Éste es el cadáver?
- Sí.
- Pues habrá que tomar muestras para analizarlas, además de llevar el cuerpo al médico forense.
Julia observaba el cuerpo con detenimiento. Su mirada era muy penetrante. Cuando se concentraba le salía una arruguilla vertical un poco más arriba del entrecejo, justo en el medio.
- Yo diría que ha sido un asesinato, pero habrá que esperar a que analice las muestras que he cogido y también el resultado de la autopsia.

Unos días más tarde se confirmó lo que sospechaban: era un asesinato y probablemente las víctimas anteriores también fueron víctimas del mismo asesino.
- Si hubiera sido un suicidio, ¿por qué iba a estar desnuda? Murió, en parte, desangrada, no de hipotermia, y también por la sustracción de sangre que le han dejado marca al extraerla. Parece como si le hubieran puesto sanguijuelas por todo el cuerpo. ¿Quién en su sano juicio se pondría esos asquerosos bichos por el cuerpo? Es posible que se las pusiera el asesino, pero se me ocurre por qué.
- Antiguamente dejaban que las sanguijuelas chuparan la sangre de las mujeres nobles para empalidecerlas y así diferenciarlas de las campesinas.
- Sí, Julia, pero ya no estamos en esa época. Si fuera eso cierto no tendría sentido que se las pusiera por todo el cuerpo hasta llegar a morir si sólo querían quedarse más pálidas. Debían de habérselas puesto en zonas clave, ¿no crees? Por eso creo que fue el asesino. Pero hay algo más. Se han encontrado restos de semen en la vagina de la mujer, con lo cual ha habido acto sexual. No se veía a simple vista porque no era mucha cantidad; eso significa que alguien ha querido borrar ese rastro. No podemos decir que haya sido violada porque entonces lo de las sanguijuelas no tiene sentido. También se ha encontrado polvo de tiza en las fosas nasales. Otra cosa importante es, ¿por qué aparecían en la cama al lado de sus maridos sin que ellos se dieran cuenta?
Había muchas preguntas con interrogantes. Morán y Julia se encontraban frente a un caso difícil de resolver.

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